A medio camino entre la burla, la moralina, la crítica a la administración Bush y el porno podemos encontrar esta película de zombies. La trama se centra en los sucesos que ocurren al interior de un bar de strippers cuando una de ellas es mordida por un zombie que le transmite un virus muy especial (cuyas extrañísimas características justifican lo que ocurre después en la película) y usa sus encantos y talentos para atraer a los clientes y matarlos durante los privados. Algunas de sus compañeras se le unen y forman un pequeño grupo de strippers que enloquecen a los hombres con sus impresionantes movimientos y atraen a nuevos clientes al bar, es decir, a nuevos bocadillos y zombies potenciales.
El director Jay Lee se formó en la escuela de cine serie B, cosa muy notoria por detalles como la fotografía de algunas escenas y por el muy elocuente manejo de las escenas de enfrentamientos, pero trata de darle un giro a la película al diferenciar la inteligencia de los zombies y al apelar a una interesante reflexión en el plano sexual.
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